20 años, una fecha inolvidable, como lo vivimos…

En la vida […]

En la vida de toda persona existen una serie de fechas q no son fáciles de olvidar. Para todos aquellos que estamos atrapados por el sentimiento Zaragocista y por el rugido del León el 10 de mayo será una fecha de las más importantes en nuestro calendario.

Hace 20 años todos aquellos q tenemos corazón Zaragocista pudimos tocar el cielo en el mejor escenario posible y de la mejor forma q nadie podríamos haber pensado ni en sueños.

Dos golazos, con obra de arte incluido pusieron a nuestro RealZaragoza en lo más alto de Europa. A nadie se le hace desconocido estas palabras….

No llegó Poyet, Linighan, el balón para Nayim, y Nayim lo que ha intentado…tira Sheaman… ¡Gooooool! ¡Goooool! de Nayim en el minuto catorce y cincuenta segundos el gol de Nayim todos al campo, Víctor Fernández, todos los hombres del banquillom impresionante el Zaragoza ha marcado el gol en el último instante ¡Increible! ¡Gol del Zaragoza! ¡El Zaragoza campeón de la Recopa! ¡La pegó desde Cuenca! ¡No sé quién fue creo que fue Nayim!

MONTAJEPARIS

Por todo ello desde nuestra Peña Ribera del Huerva hemos querido q nuestros socios nos contarán como vivieron aquel momento, un momento q cada uno lo vivimos como pudimos pero estoy seguro q nadie se olvidara de ese día.

A continuación os mostramos alguno de esos momentos…

Alberto Loras

Era muy pequeño, pero creo que es una de las cosas que nunca olvidare.
Tenía 7 años y lo ví con mi padres y hermano en una pantalla gigante en el Principe Felipe, dado la edad no pude disfrutar como a mi me hubiera gustado, pero bueno, espero poder vivir otro éxito así.

Javi Crespo

Corría el mes de mayo del 95, año que como todo zaragocista jamás olvidaré. Yo era un adolescente que vivía el futbol y sobre todo el R. Zaragoza con gran pasión como todos los zaragocistas que tuvimos la suerte de vivir esa gloriosa etapa.
Todavía no era socio, pero disfrutaba de la grada infaltil con los amigos del instituto, todavía recuerdo las escapadas a la vieja Romareda para ver entrenar a los chicos de Victor Fernandez y poder pedirles autógrafos a la salida, lamentablemente no había móviles y no podíamos hacernos fotos, cosas del pasado jeje.

Aquella noche del 10 de mayo es inolvidable, lamentablemente no pude ir a Paris. Pero si vivir la final intensamente en el pabellon Príncipe Felipe que estaba abarrotado. La tarde comenzó pronto ya que un compañero de clase me invitó a su casa a pasar la noche. Alli por la tarde comenzamos el ritual de enfundarnos las camisetas, pintarnos las caras, y cojer banderas y bufandas.
El ambiente en la ciudad era increible, se respiraba zaragocismo por los cuatro costados, fueses donde fueses había una camiseta, una bufanda lo que fuese.
Recuerdo que nos juntamos un buen grupo, todos uniformados para la ocasión, pasamos la tarde cantando canciones zaragocistas por parques y bares calentando motores, uniéndonos a todos los que nos encontrabamos camino del Pabellón.

Cuando entramos el ambiente era brutal, así que no quiero imaginarme lo que sientió quien tuvo la suerte de vivirlo en París. Nos pusimos en las últimas filas y sin duda vivimos el partido como si estuviesemos viendolo en directo, sin parar de cantar, gritar, saltar. Los nervios estaban a flor de piel y el gol de Esnaider desató la euforia, el empate del Arsenal no acabó con nuestro ánimo.
Y al final cuando como todo el mundo ya estabamos esperando los penaltis llegó la jugada mágica, la jugada que marcará para siempre al zaragocismo. Curiosamente nunca olvidaré mi reacción cuando observe que Nayim lanzaba desde tan lejos en el último suspiro “donde va” grité, y fue a la historia, a la gloria del zaragocismo. El Pabellón se vino abajo, la locura invadió las gradas y todos nos fundimos en abrazos y gritos de locura, increible. Lo habíamos logrado, y de que manera.

El momento de la entrega del trofeo sigue poniendonos los pelos de punta. Y el camino del Príncipe Felipe hasta la plaza de España fue espectacular, el colorido, la locura que se vivía en cada esquina y cada fuente que cruzabamos jamás se olvidará.
Y en la plaza de España la locura total. Para entonces estabamos sólos mi amigo y yo y apenas nos pudimos acercar a la fuente, era imposible ante tal avalancha de gente. Así que no tardamos en volver a casa, donde apenas dormimos, hablando y recordando una y otra vez que como era posible lo que habían visto nuestros ojos. Como era posible que nuestro R. Zaragoza fuese campeon de la Recopa de Europa y como pudo hacerse de manera tan espectacular.

Sin duda hay días que marcan y ese fue uno de ellos. Algún día volveremos a vivir algo parecido.

Pablo Cañizares

Los que nos quedamos en Zaragoza habíamos preparado dónde ver el partido. Estaba claro que había que salir de casa había que aunar fuerzas. Parecía que estando en compañía se animaba más y mejor. Que el aliento llegaba de verdad hasta el vestuario blanquillo En fin que había que buscar un sitio para animar a nuestro Real Zaragoza. Dicho y hecho. Allá nos lanzamos en familia.

El matrimonio con nuestro hijo de 7 años y nuestra hija de 5 junto con dos familias más de María de Huerva, ataviados de pies a cabeza fuimos al Príncipe Felipe. No sé que se sentiría en París pero puedo asegurar que en el pabellón se eriza va el vello se ponía la piel de gallina. Un clamor constante animando al equipo, sin desfallecer un solo segundo hasta alcanzar el último minuto de la prorroga y con el el delirio colectivo fruto de golazo de Nayim.

Fernando Molina

Nunca se me olvidará ese día. Por desgracia o algún lúcido decidió esa semana planificar una semana de maniobras en el campo de San Gregorio, en aquel entonces como imagináis estaba en el ejército. Antes de salir de maniobras otro Zaragocista como yo el Sgto Luján decidimos llevar unas cuantas botellas de champán para celebrar la ocasión en caso de que se consiguiera el milagro, ya que no las teníamos todas con nosotros.
Después de un día intenso, ya no me acuerdo si cenamos ni nada de lo que ocurrío hasta el pitido inicial, sólo sé que más de 30 personas de todos los rincones de España (Andaluces, Extremeños, Madrileños, Catalanes y por su puesto Aragoneses) estábamos viendo el partido con un mismo fin, con una misma ilusión. Yo debido al jolgorio no me enteraba lo que narraban por la televisión que habíamos instalado en una tienda de campaña comunitaria que usábamos para comer por lo que me puse mis auriculares y escuche el partido al unísono por la radio, pero esta iba unos segundos adelantados a la imagen, muy curioso.
Todos sufrimos viendo el partido pero cuando Gardel Esnaider metió ese fantástico gol nos faltaba tienda para correr y saltar, aunque este estado de ánimo enseguida se calmó con el gol del Arsenal.

Los siguientes tramos del partido veíamos a un Zaragoza que podía, que estaba realizando un gran partido pero que no terminaba de rematar la faena ante todo un Arsenal, un equipo con experiencia que en cualquier zarpazo nos podría dejar KO.

Cuando todos ya pensábamos que la cosa se acababa y llegábamos a los injustos penaltis después del gran juego realizado surgió el milagro de las botas del gran Nayim, en esos momentos todos se me quedarón mirando con cara de extrañeza pero enseguida entendieron el porque, ya que como os he contado la radio iba unos segundos antes yo cante el gol, aunque sin fe, hasta que no lo ví con mis propios ojos por televisión, fue una alegría y un momento que nunca se me olvidará pese que no estuviera en el sitio más apropiado para disfrutarlo, pero eso si las botellas de champán que yo pensaba que no íbamos a catar se abrieron para disfrutar uno de los momentos más importantes que todo zaragocista recuerda en su retina.
La celebración no fue larga y al día siguiente tampoco pude acudir a la Plaza del Pilar para celebrarlo pero la alegría y la incredulidad de haber conseguido alcanzar la cima de los grandes no se nos quitaba de la mente.

De todas formas también me gustaría recordar el exilio a Mestalla o Luis Casanova en el cual nuestro Real Zaragoza empezó su camino hacia Paris, fue el 29 de septiembre de 1994 allí junto con mi amigo Jesús Ángel estuvimos disfrutando como nuestro Real Zaragoza destrozaba al Gloria Bistrita….con un gran golazo de Gustavo Poyet, por partida doble y Aguado y Pardeza.

Pietro Chesús

Aquel hervidero blanquiazul en el que se había convertido la plaza Eduardo Ibarra comenzó a despejarse conforme, uno a uno, los más de 70 autobuses que allí se habían alineado para llevar a una parte del zaragozismo al, hasta el momento, su mayor hazaña, enfilaron su largo, larguísimo camino hacia París.

Con tan solo diecinueve años en mis alforjas, miembro de un anquilosado Ligallo Fondo Norte y con más de dieciséis horas de camino por delante, sobrará decir que el trayecto fue amenizado con buenas trazas de cánticos y no menos regueros de espirituosos…cosas de la edad.

Pero por fín, París. Y a nuestros pies, la Torre Eiffel, nada menos. Los Campos Eliseos como cuartel general del zaragozismo en la final de su historia; esto empezaba bien.
Una visita rápida por la ciudad de Napoleón me llevó hasta el Arco del Triunfo, como no podía ser de otra manera. Allí, grabada en sus piedras, se encontraba el nombre de la inmortal;“Saragosse”, rezaba…¿Premonición?

Faltaban menos de dos horas para que los héroes de París comenzasen a escribir la nueva historia del club y aún estábamos enzarzados en un monumental atasco en la orilla del Sena. Alguien, sabiamente, tomó la decisión de bajarse del bus y enfilar animadamente hacia el Parque de los Principes de la forma en que mejor sabíamos hacer, ¡cantando y animando por las calles de París!

Y empezó a rodar el balón…no sabría contar ni como cuanto duró. Solo que desde el minuto 1 aquel mágico estadio, no paró de vibrar ningún segundo. El gol de Juan Eduardo, tal y como yo lo recuerdo, fue la cúspide. Nada había superado aquello. Ni Rubén Sosa; ni el Paquete. Aquellas gradas se vinieron literalmente abajo. Todo era poco para celebrar lo que parecía inevitable.
Pero lo que parecía inevitable se ensombreció a los pocos minutos. De la manera más extraña nos encontramos con un marcador igualado, que no reflejaba lo visto hasta el momento en el terreno de juego.

Mucho sufrimiento, pero mucha ilusión. El tiempo avanzaba y aquello seguía igual. El run run de la grada, el mismo “otra vez a los penalties”…

Aún recuerdo, uno de mis últimos recuerdos antes ver como el balón ascendía con un destino incierto, que comenté a un amigo “no soportaría otra vez una final a penaltíes”…

Ví que la pelota entró, y prometo, de verdad, que pensé que se había acabado el partido. Que no valía. ¡No podía ser! Eso solo les pasa a los yankies en las películas…
De repente, doce filas más abajo, aplastado por una muchedumbre enloquecida me di cuenta de que, esta vez sí, la suerte también se ponía de nuestra parte. Éramos campeones de la Copa de Europa de Campeones de Copa. Campeones de la Recopa de Europa.

Ha llovido en veinte años y sigue pareciendo ayer. Recordemos aquel tiempo y con nobleza y orgullo clamemos: ¡Cuando Fuimos los Mejores!

Os dejo también unas pocas fotos enviadas por nuestro socio Fernando Muro de ese día tan maravilloso…

autobuses desde la Torre Eiffel

Celebracion

exterioresprincipes

fernandomuro

Fondo porteria

Todos de una forma u otra disfrutamos de aquel momento pero lo más importante es que todos recordamos aquel día, un día que ha quedado marcado para siempre en la memoria, en nuestro calendario de la vida. Ahora toca tener fe para que existan más fechas inolvidables en nuestros Calendarios Zaragocistas.

 

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